martes, 4 de noviembre de 2014

El origen de las zapatillas amortiguadas

A principios de los años 70, Bill Bowerman,  entrenador del equipo de atletismo de la universidad de Oregon y cofundador de Nike se le ocurrió una idea para mejorar la zancada y correr más rápido. La idea consistía en adelantar más el pie de lo que hasta ese momento se hacía y hacer que este aterrizara por delante del cuerpo. Para llevar a cabo esa idea, las zapatillas que existían eran inviables. Eran zapatillas planas, con la protección justa para la planta del pie. Según la biomecánica que Bowerman había inventado, el pie tendría que aterrizar con el talón y para eso no estaban preparadas las zapatillas del momento, a no ser que te quisieras destrozar el talón. Había que diseñar unas nuevas con amortiguación en el talón.

El primitivo sistema de amortiguación nació gracias a una máquina de hacer gofres. A partir de sus moldes, Bowerman creo la amortiguación que luego pegaría en el talón. Era un primer prototipo que salvaba esa limitación de su nueva manera de correr. Esta era una mezcla entre correr y andar. Por lo tanto era muy asequible para el gran público. Y por lo tanto, su producto, sus zapatillas amortiguadas para practicar “Jogging”, como denominó a esa manera de correr, tendrían una gran demanda. Negocio redondo.

Y este fue un boom. Su nueva zapatilla permitía desarrollar una pisada artificial con la que en teoría se podía ganar algo más de distancia sin cansarse tanto. Fue toda una revolución, un gran negocio que ha llegado hasta nuestros días. Ello provocó que la gente fuera olvidando poco a poco el "arte de correr" y que Nike (y otras marcas) se fueran enriqueciendo colocando sus nuevas zapatillas en el mercado.

Como la gente ya no pisaba de manera natural, con el tiempo empezaron a surgir problemas: fascitis plantares, lesiones varias, problemas de pisada, surgió el negocio de los estudios de pisada, surgiría también el negocio de las plantillas, etc.. Un sinsentido teniendo en cuenta que la naturaleza diseñó al ser humano para correr largas distancias.

La inmensa mayoría de corredores populares en la actualidad continúan practicando la biomecánica artificial que inventó Bill Bowerman, y que estudios posteriores han demostrado que es más lesivo que la biomecánica natural. Impactando  con el talón no se aprovecha la amortiguación natural del pie, esa obra maestra de ingeniería como dijera Leonardo Da Vinci. Pero en cierta medida no es culpa nuestra, es culpa de las grandes marcas y de la inercia que tomó el mercado desde la década de los 70. Por suerte ahora, principalmente desde la aparición del  libro “Nacidos para correr” la gente está planteándose el por qué correr de esa manera tan artificial y volviendo a desarrollar la técnica natural.

Esta es muy fácil de experimentar. Tan solo basta con descalzarse y correr unos metros. Veras como cambia tu manera de correr radicalmente. Acortarás las zancadas, tu espalda estará más recta, te divertirás como un niño. De hecho, ¡correrás como un niño! ¿Y has visto alguna vez a un niño quejarse por correr? Si por ellos fuera estarían todo el día corriendo, actividad para la que la evolución nos ha diseñado.

Referencias:
"Nacidos para Correr" - Christopher McDougall

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